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El Cristo de Elqui

Domingo Zárate Vega,  fue un singular campesino  chileno, quien en 1927  comenzó a afirmar que frecuentemente se le aparecían diversos personajes divinos,  y  fue conocido por sus seguidores  como el «Cristo de Elqui»,

Se hizo famoso entre los años 1930 y 1940, período durante el cual tuvo 12 discípulos, quienes lo seguían en sus andanzas.

En el año 1931 viajó en tren a Santiago donde le esperaba una multitud en la Estación Mapocho para escuchar sus prédicas y mensajes en que profetizaba el inminente fin del mundo. Sin embargo, no pudo cumplir con su cometido, ya que al desembarcar fue enviado a la Casa de Orates, donde se le diagnosticó delirio místico.

Al salir, años después, recorrió el país y algunas naciones de  América del Sur, lugares en los que era esperado por cientos e incluso miles de seguidores. Escribió una decena de libros, la mayoría autobiográficos.

Su historia fue tomada por insignes escritores nacionales como Nicanor Parra y Hernán Rivera Letelier

Durante el año 2018 la historia volvió a la palestra con el estreno de una elogiada ópera que lleva su nombre.

Les invitamos a leer un poco más de este singular personaje en el sitio “Caminantes del desiertos”.

Link: http://caminantesdeldesierto.blogspot.com/2012/03/el-cristo-de-elqui.html

 

El Cristo de Elqui

Domingo Zárate Vega, más conocido como el “Cristo de Elqui” (Nacido en Río Hurtado, el 24 de diciembre de 1898) fue un campesino chileno, quien en 1927 modificó su vida al afirmar que frecuentemente se le aparecían diversos personajes divinos. Pronto comenzó a tener seguidores a quienes bautizaba en el río Elqui.

José María Caro, obispo de La Serena, el 25 de abril de 1931, escribió una carta pastoral donde señaló: “Se ha presentado entre vosotros un pobre iluso, de los que hay muchos en el manicomio, y al cual los fieles…lo han acogido como el enviado de Dios, como el mismo Mesías, nada menos, y le han formado su comitiva de apóstoles y creyentes”

  Pocos días más tarde, viaja en tren rumbo a Santiago de Chile donde le esperaba una multitud en la estación Mapocho. Anunciaba el inminente fin del mundo. Al desembarcar fue enviado a la Casa de Orates. Los facultativos determinaron que sufría delirio místico crónico. Al salir de dicho establecimiento recorrió el país y algunas naciones de América del Sur. Escribió una decena de libros, la mayoría autobiográficos.

Ahora bien, ¿cuál es la importancia histórica de este personaje en la vida de los antofagastinos y de la región? Recordamos a ustedes que eran los años de crisis. 1932, el país y especialmente el norte sufrían con la cesantía, el hambre, la miseria y el desconcierto político-militar. Era la oportunidad precisa para la aparición de Domingo Zárate Vega. El Cristo de Elqu ….

 En 1932, en un contexto de caos, miseria y crisis, ya sea nivel local como nivel de país, se asoma por Tocopilla un pintoresco y controvertido personaje de connotación nacional llamado Domingo Zarate, alias el “Cristo de Elqui”. Este era un predicador que comenzó a recorrer Chile y algunos países vecinos, como Bolivia y sur peruano, después de enterarse de la muerte de su madre en 1922. Desde allí, como forma de penitencia, trocó su vida a la oratoria evangelizadora y su vestimenta la reemplazó por un sencillo sayal, unas sandalias sencillas y por una barba y cabellera que crecieron libremente. A sus predicas concurrían cientos de personas no sin antes asustar a los niños por su aspecto o provocar las risas y burlas de los más incrédulos, ante lo cual se defendía y respondía lo siguiente “…la seriedad es superior a la chunga sobre todo tratándose del evangelio. Que se rían de mi perfectamente, esta no será la primera vez pero, no de nuestro señor Jesucristo; el publico dirá…” (Revista Sucesos 1932. Pág. 7. Archivo Universidad de Tarapacá)
Este señor intentó diseñar un auto concepto; el de ser un nuevo Mesías y por sobre todo de origen Chileno. Fueron miles lo que creyeron en él; en el solo hecho de verlo las personas se arrodillaban o le besaban la mano y a la vez, le daban gracias por sus palabras, sin considerar que su paso por el Psiquiátrico fue bien conocido, pero “…el hombre demostrose cuerdo y hubo de concedérsele libertad…” claro que, después de cinco meses recluido. (La Prensa de Tocopilla abril de 1932)
Se hizo amigo de los enfermos, viejos, huérfanos, presos, pescadores, desvalidos, de los “pobres de espíritu” y por sobre todo de las madres solteras. El, siendo un labriego sin instrucción, Hablaba de lo humano y de lo divino a través de la radio y la prensa; contestaba preguntas, polemizaba y daba consejos dentro de sus limitaciones expresivas. Comía poco y regalaba sus pertenencias. …

“Domingo Zarate realizó una visita a Antofagasta en donde concurrieron unas dos mil personas a la plaza del mercado para escucharlo, quienes se arrodillaron cuando Él lo pidió”…es que momentos antes se había corrido la noticia que el Cristo de Elqui habría hecho un milagro, y un milagro sugestiona a la multitud…”, según informaba La Prensa de Tocopilla en abril de 1932”

El Cristo de Elqui visitó además Tocopilla el 25 de abril de 1932, y en primara instancia daría dos conferencias. Pero por el temor de la población de ser delatado, a su conferencia no fueron más que cincuenta personas, informaba el Acta Anual de Carabineros de 1932. Ante ello La Prensa de Tocopilla tituló en uno de sus artículos; “ya nadie se interesa por el Cristo de Elqui“. Cuando en realidad la situación era otra. Sin embargo militantes Comunistas y de la Federación Obrera de Chile (FOCH), en un comicio (o mitin) realizado en calle Sucre esquina calle San Martín, se quejaban de los privilegios que habría tenido, supuestamente, el Cristo de Elqui; debido a que vino en pleno Estado de Sitio y sospechosamente tuvo muchas facilidades, como por ejemplo realizar encuentros con personas en forma improvisada, realizar muchas reuniones, en un contexto en donde todo se debía avisar y/o solicitar permiso. En el mismo comicio se afirmó que Cristo del Elqui era un enviado por el presidente Montero, “…para ver así el estado de credulidad en que se hallaba el pueblo de Tocopilla y que para ello se había resguardado en su sotana de predicador…” nos decía la misma Acta de Carabineros.(textual) …

Adentrándonos en su historia y avanzando en el tiempo llegamos a uno de sus actos más comentados de la época. El Milagro del vuelo, situación ocurrida en la plaza de armas de Ovalle, pero vayamos a los escritos de primera fuente sobre tan extraño hecho.

  En el testimonio de un antiguo ovallino que fue testigo presencial de la frustrada hazaña del ya mítico  predicador que fue inmortalizado por el gran poeta Nicanor Parra. El novelista nortino Hernán Rivera Letelier lo transformó en el personaje principal de la novela “El Arte de la Resurrección”, ganadora del premio Alfaguara, el más importante de habla hispana

Para dar vida a la historia, Rivera estudió los propios escritos de Domingo Zárate Vega, el hombre que en los años 30-50 proclamó ser el nuevo Mesías en pleno Valle de Elqui, poniendo de cabeza a las autoridades de la época.
Y para presentar su libro Rivera Letelier llegó hasta la Feria del Libro de Ovalle, y dar a conocer a un expectante público algunos de los más sabrosos episodios de la misma, entre ellas la del fallido intento del predicador de volar y que concluyó, en palabras del mismo novelista, “sacándose la cresta en el suelo”.

El autor sin embargo no precisa el lugar exacto del “milagro”, y son varios los investigadores que lo ubican incluso en una localidad del valle del Elqui.

“Por años, el Cristo recorrió el país predicando, despertando por igual el fervor, la burla y la indignación. Hasta que un día despertó con una cara idea y aseguró -a quien quiso oírlo- que Dios le había revelado que podía volar.  No es claro el día ni la hora que Zárate escogió para probar su don. La única certeza es el estrépito de su fracaso. El Cristo subió a un árbol de alguna localidad de Elqui. Tal vez miró con desprecio a sus pecadores seguidores y, sin pensarlo, se tiró al vacío, fracturándose irremediablemente su pretendidamente sacra humanidad”, asegura uno de ellos.

A la misma Feria del Libro de Ovalle vino como invitado el escritor ovallino, Rolando Rojo Redolés, a presentar una de sus últimas novelas, “El último Invierno del Abuelo”, ambientada en el Ovalle de la primera mitad del siglo pasado.
En uno de sus capítulos Rojo Redoles, cuenta el episodio de la presencia del Cristo en la Plaza de Armas de Ovalle, sin embargo no volando él, sino haciendo volar a un ciego desde el antiguo quiosco de madera. Fue este un acto fortuito, cuando la baranda del kiosco cedió al peso y se vino abajo con Ño Pío y todo y el infortunado no vidente literalmente voló unos metros antes de estrellarse contra el suelo.

Un testigo privilegiado, un antiguo vecino de Ovalle, Erasmo Cortés, ex funcionario del Departamento Provincial de Educación, antiguo colaborador del diario La Provincia con el seudónimo “Poke” (apócope de Pokeke, que lo acompañó toda la vida), y antiguo voluntario de la 4ª Compañía del Cuerpo de Bomberos, recuerda el hecho .

Cuenta que tenía alrededor de ocho años cuando su padre lo llevó hasta la plaza de armas, luego que conocida la presencia de Domingo Zárate en Ovalle, se había corrido la voz que este realizaría el milagro de volar. El Cristo de Elqui, recuerda Cortés, cuando venía a Ovalle alojaba en una pensión ubicada en calle Independencia, a un costado de lo que es hoy el Restaurante Lucerna, de propiedad de don Daniel Bari.

“Hay que recordar que en esa época sólo había como entretención el teatro, y los circos que llegaban cada cierto tiempo a la ciudad, así es que prácticamente todo Ovalle fue hasta la plaza para ver el milagro”, agrega.

Lo recuerda vestido con una túnica de color azul claro, sandalias, cabello largo y una barba crecida. Cuenta que llegó hasta un gran ciprés ubicado en la plaza en el sector que daba hacia la calle Miguel Aguirre, (el que todavía permanece en uno de los extremos del  paseo de la pileta) subió a una altura de aproximadamente cinco metros y, en medio de la expectación de cientos de testigos, se lanzó al vacío.

“No voló, desde luego, pero con el porrazo que se mandó fue a pasar al hospital, con varias fracturas, según me dijo mi padre”, cuenta Erasmo Cortés.

Según él, esta es la verdadera historia del vuelo del Cristo de Elqui, para despejar todas las especulaciones en torno al tema acerca del sitio en que ocurrió el “milagro”.

Quizás debería haber en el lugar una placa que informe al visitante del hecho: “Aquí quiso volar el Cristo de Elqui”. En una de esas el lugar se convierte en espacio de romería y atracción turística.

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